! SE ACERCA EL MOMENTO!

Con muchos nervios estamos ya contando las horas para que despegue nuestro avión rumbo a Benín.

Nos presentamos, somos cuatro chicas, tres madrileñas y una granadina. Nos llamamos Elena, Bea, Ana y Lidia. Llevamos tiempo preparándonos para este viaje, sabiendo que va a cambiar nuestras vidas y que las personas que mañana salgan de España volverán completamente cambiadas… Vamos dispuestas a entregarnos con ilusión, servicio y mucho cariño. Pero estamos seguras de que vamos a recibir mucho más de lo que demos.

Vamos a ir a una escuela en construcción en la ciudad de Bohicón, Benín. Nuestra labor va a consistir en aclimatar las instalaciones del colegio para su próxima apertura con tareas de pintura, jardinería, acondicionamiento de las aulas… Por las tardes, estaremos con los niños del poblado disfrutando de talleres de papiroflexia, manualidades, dibujo, etcétera ,  lo cual hemos estado preparando con mucha alegría.

Tenemos la suerte de contar con la ayuda incondicional del Hermano Paco Fallado, con el que hemos estado en contacto desde hace algunos meses preparando nuestro viaje.

Os iremos contando nuestro día a día allí, para acercaros de alguna forma a nuestra experiencia de voluntariado.

Terminamos con el espíritu de Proyde que nos ha llevado a dar este gran paso hacia delante:  Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, pueden CAMBIAR EL MUNDO”

¡Seguimos en contacto!

AMANECER EN KAREMENO

La aventura dio comienzo desde nuestras seguridades, nuestro hogar, pero empujados y enraizados como un fuerte lazo nos unimos, ayudados por los nuestros, los más cercanos. Aquel avión dejó una estela en el cielo, donde se iban esfumando nuestras comodidades y se iba dibujando una pequeña historia de amistad. Horas interminables que se hicieron más que ligeras junto al otro, el grupo ya empezaba a dar señales de vida. Contemplar la belleza del Cuerno de Oro desde las nubes y sus mezquitas, hizo de Estambul, un pequeño cuadro en nuestros ojos, asombrados bajamos a tierra, para disponernos en la siguiente travesía nocturna; ahora hacia el corazón de África.

Pisar la tierra del origen de la humanidad, aquella tierra maltratada, desposeída de tanto, que ahora nos acogía con los brazos de los hermanos: Sthepen, Mike y Sam. Los primeros miedos de ocho occidentales, con sus rectas mentalidades hicieron su aparición en aquella furgoneta amarilla, cuyos movimientos parecían ser el de un elefante enfadado. Atravesar Nairobi para dirigirnos a un lugar desconocido por las guías de viaje, pero que con los días sería nuestro hogar: Karemeno.

De la noche, nació el día y nuestros ojos de niño, pudieron ver la grandeza de África. Arropados, pegados unos a otros, frío y a la vez calor, todo necesario para llegar a conocer la riqueza de Kenia: sus hijos, aquellos que la vida ahora nos daba la oportunidad de conocer en nuestro destino.

Nuestra casa, nos cobijó en las primeras horas del alba. Como una familia establecimos espacios y un gran salón para nuestras tertulias y juegos nocturnos. Saciados y prendados por tal acogida, sentimos que daban todo lo que tenían, su comida, su esfuerzo y trabajo. Excelentes platos, bendecidos antes por nuestra oración, dando gracias siempre a Él por los bienes recibidos. Del alimento de cuerpo, pasamos al alimento del alma. Introducidos en su mundo, su cultura, su música, quedamos admirados, fortalecidos al asistir, a la gran fiesta de su Eucaristía. Fuimos presentados y Emilio hizo eco de la alegría de cada uno de nosotros.

Estas líneas no tendrían tanto sentido, si dejara en la pluma nuestro proyecto. Una nueva casa para una familia. De aquel pastizal duro, lleno de raíces, su tierra roja y seca, fuimos dándonos para ir cimentando el nuevo hogar y a la vez nuestras relaciones, pues sirve a día de hoy como campo de trabajo y de limar asperezas. No fue una tarea fácil establecer aquella base. El sudor, el calor ecuatorial, los vientos de los Aberdare se unían a los múltiples esfuerzos por ahondar más en la tierra, que se nos presentaba como imposible. Gracias a todos pudimos, ya fuera cantando, bailando o cavando. Nuestros compañeros de fatigas, los lugareños empezaron a encontrar sentido a nuestro trabajo, estableciéndose así una unión de pueblos y sentidos, rompiendo los límites de lengua y cultura.

Los niños son la riqueza de Kenia, es el verdadero oro que debe aquilatarse. Sus miradas son tan profundas como diversas, unas nos muestran unos ojos de valor, fortaleza y juventud como las de nuestro colegio de Karemeno, pero otros pobreza, soledad y tristeza en los caminos hacia Nyeri dónde pasamos una jornada entrañable conociendo la realidad de una ciudad del continente y New City, el pequeño poblado de agricultores, pastores y pequeños comerciantes.

Sabemos que es en el encuentro con el Otro, dónde está el verdadero sentido de nuestra estancia, ya sea con los hermanos que nos acompañan y nos han dado su casa, los trabajadores que conviven y son testigos de nuestro sudor y nosotros de sus realidades, los niños que corren, sonríen, nos buscan y se esconden entre las acacias, pero ante todo está ese encuentro en el amor entre nosotros, la unión y la fortaleza para seguir haciendo lo que Él tiene preparado para cada uno.

Primeras sensaciones

Nuestra aventura comenzaba en una furgoneta de quince personas en la que íbamos treinta más nuestras maletas (algunas ausentes), llenos de ilusión por llegar al destino tan esperado. La unión con los africanos fue muy rápida, nos bastaron tres canciones para sentirnos como en casa. De camino a lo que sería nuestro nuevo hogar, nos encontramos con uno de los paisajes más impresionantes: nuestro primer amanecer africano.

Eran ya las seis de la mañana y muertos de sueño elegimos las habitaciones para, por fin, poder dormir. Tres horas más tarde, nos encontrábamos en pie para desayunar… lo de pie es literal, pues todos nos fuimos a sentar para coger fuerzas y afrontar nuestro primer día, pero en Camerún vimos algo diferente, ya que todos los voluntarios se quedaron de pie para bendecir la mesa.

Después del desayuno llegaba la presentación para conocer a nuestra nueva familia camerunesa. Una campana sonaba, era la llamada para ir a comer, sí, a las doce y media de la mañana y nosotros, aún desubicados, seguimos saboreando la experiencia sin ser conscientes de lo que estábamos viviendo. Las novedades seguían, poníamos rumbo al centro de Mbalmayo para conocer la zona y nos encontramos con un diluvio (aparentemente normal) que se acabó convirtiendo en una tormenta. Esto hizo que tuviéramos que volver a casa empapados, no solo de agua, también de ilusión. Gracias a este imprevisto, pudimos disfrutar de una rica ducha al aire libre.

Ya limpitos y vestidos sonaba de nuevo la campana que indicaba que teníamos que ir a la oración, esta vez un poco más larga ya que era sábado, un día especial. Después de la cena, nos adentramos en la forma de vida africana; tuvimos que llenar cubos de agua para poder ducharnos, ir a rellenar nuestras botellas de agua potable y dormir bajo las mosquiteras. El momento peor esperado de la noche llegaba, teníamos que fregar con cubos y sin luz nuestros platos usados en la cena, pero nuestros compañeros cameruneses tuvieron el detalle de quitarnos este peso de encima. Llegaba el momento de dormir para empezar un nuevo día, el domingo.

Nuestra rutina siguió siendo la misma con la diferencia de que tuvimos una celebración especial que se seguiría haciendo todos los domingos de nuestra estancia. Algo que nos llamó la atención fue el paso del tiempo, pues pensábamos que eran las cuatro de la tarde y solo eran las doce del mediodía, lo que significaba que llegaba la hora de comer (¡MALARONEEE!). Ahora nos tocaba a nosotros fregar la vajilla y tras un pequeño descanso, jugamos a fútbol con nuestros compañeros voluntarios.

Comenzaba la semana de trabajo: campana, desayunos, vestirnos y… ¡manos a la obra! (nunca mejor dicho). Mientras unos hacían cadenas para cargar bloques, otros se turnaban para llevar la carretilla llena de arena. Nuestros días se repetían y nuestro gallinero se iba levantando. Para celebrarlo, cogimos unas cuantas motos para ir al centro y tomar algo mientras que los más deportistas iban nuevamente a jugar a fútbol. Sin embargo, hubo momentos que guardaremos en nuestra retina para toda la vida, como aquel día en el que vimos la tormenta desde el porche disfrutando del ruido de la lluvia con las luces apagadas para apreciar los rayos.

(Esta foto  fue realizada antes de empezar la obra)

Y así terminaría nuestra jornada. El fin de semana empezaba de la mejor manera, tomando algo en familia para celebrar que teníamos dos días de descanso por delante. Aunque pasó algún que otro imprevisto: teníamos preparada una excursión a Yaoundé la cual no se pudo llevar a cabo porque la carretera estaba colapsada pues iba a pasar el presidente (se paralizan las carreteras por su seguridad), así que decidimos volver a Mbalmayo para ver si podíamos ir al río, pero tampoco pudimos ya que la empresa de transporte no fue flexible con los cambios. Por lo tanto, volvimos a casa y vimos la escuela por dentro para hacer algo diferente. Con ganas de hacer una actividad que aumentara nuestro estado de ánimo, decidimos ir a la piscina en moto y… ¡cuando llegamos estaba vacía! Media vuelta y a casa caminando.

Para finalizar nuestro día y consolarnos de la mala suerte que habíamos tenido, vimos todos juntos una película en el comedor.

El último día de la semana lo celebramos en una misa en la que conocimos a otros españoles que también estaban haciendo cooperación en Camerún, comimos con vistas a Mbalmayo y descansamos para seguir con energía esta nueva semana que comienza.

Y en conclusión, esta semana se cierra llena de novedades e imprevistos. C´est la magie!

Comienza nuestra experiencia camerunesa

¡Un saludo para todos! Ya está todo listo y nos encontramos en Mbalmayo. El viaje ha sido un poco largo. Salimos ayer con caras de alegría, pero sobre todo con el espíritu lleno de ilusión por vivir lo que, estamos convencidos, va a ser una experiencia que nos ayude a crecer y a ser mejores personas.

Pero esto no empezaba en el aeropuerto de Tenerife Norte con destino a Yaoundé y escala en en Casablanca. Comenzó mucho antes con multitud de reuniones y encuentros para prepararnos formándonos como voluntarios y haciendo cada vez más grupo, algo que sabemos que será esencial.

Así nos ha tocado compartir experiencias, trabajos que nos han ayudado a sentirnos cada día más como un equipo, como una verdadera Comunidad. Hemos desarrollado una reunión todos los miércoles de este último año y hemos animado convivencias con los peques del cole. Nos comprometimos para vender bocadillos, cafés, camisas… todo para que nadie del grupo se nos quedara fuera. Y por supuesto nos sentimos parte de PROYDE participando en actividades tan importantes en nuestro colegio como la “Cena del Hambre”.

Y así en una tarde del mes de junio nos sentimos finalmente enviados por la Comunidad de nuestro colegio La Salle San Ildefonso. Nos reunimos en la capilla y compartimos una hermosa celebración cargada de sentimientos. La fecha de la salida se iba acercando. Los nervios empezaban a aparecer. Pero siempre nos sentimos grupo, nos sentimos con mucha ilusión por vivir una experiencia de fe, servicio y comunidad con nuestros hermanos voluntarios lasalianos de Camerún. Allí nos espera la construcción de un gallinero y el arreglo de las canalizaciones del agua.

Y ya esto que hace dos años parecía un sueño, se nos ha convertido en una realidad. Un grupo muy numeroso porque casi nadie se nos caía… más bien al contrario, cada vez nos encontrábamos más convencidos de vivir y disfrutar de un verano diferente. Un verano solidario y de servicio con alguien que hasta ayer no conocíamos pero que estamos seguros que desde anoche empezarán a formar parte de nuestra familia, nuestra familia africana.Aquí nos tienen a unos pocos con algunos de nuestros nuevos compañeros algo más allá de las cuatro de la madrugada mientras intentábamos recoger nuestras maletas. La bocanada de aire húmedo y cálido que nos recibió era un anticipo de un primer contratiempo del que se nos había advertido… y es que siendo tantos y con algunas maletas tan grandes ¿verdad Paula? alguna maleta no iba a llegar a destino. Nada que no podamos arreglar y superar

Aunque está claro que el viaje fue duro porque desde que llegamos al aeropuerto a las 13:30 hasta que aterrizamos en Yaoundé a las 3:30 habíamos pasado ocho largas horas en dos aviones… quizás por eso es fácil contraponer algunas fotografías del antes como esta:

y algunas del después como esta otra… una vez que habíamos llegado y que tocaba rellenar fichas, pasar controles de pasaporte… El cansancio empezaba a aparecer y eso que todavía nos quedaba un buen rato de espera en el aeropuerto y un trayecto por carretera hasta Mbalmayo. Algo que iba a retrasar nuestro descanso hasta cerca de las seis de la mañana… podremos dormir hasta el “petit dejeuner”. Y después empezaremos a pisar la tierra del hermoso jardín que Dios creo en este ricón de África y que va a ser nuestro hogar en el mes de julio

Pero para que no parezca del todo qué estábamos tan cansados, una vez que recogimos nuestras maletas y mientras esperábamos a ver si salían las de los demás se fue mejorando el ánimo. Les dejo aquí esta fotografía con algunos a la espera y reanimando poco a poco el espíritu…Y por último aquí les dejamos a aquellos que no recibieron sus maletas y que tendrán que esperar un par de días a que aparezcan en el siguiente vuelo. Las caras lo dicen todo y es que unas maletas más o menos no nos van a desanimar en nuestro empeño de vivir algo muy especial.

Bueno si nos quieren seguir y acompañar tomen nota de esta dirección y visítenos porque nos hará ilusión sentirnos apoyados desde allá. Besos y abrazos para todos.

NOS DESPEDIMOS DE PARAGUAY

Durante estas dos semanas el trabajo se ha intensificado, dando clases, trabajando y estando con los niños, los protagonistas de este Voluntariado. En los últimos días, nos hemos centrado en terminar la señalización en cartelería y las actividades del Día del Niño, que coincidió con nuestro último día de estancia en la Escuela.

 

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Este último tiempo nos hemos sentido muy adaptados al ritmo de la Escuela y con ello cumplir el objetivo principal de nuestro proyecto que era acompañar a los niños y servir a la comunidad en todo lo que fuera necesario.

La semana pasada recibimos una sorpresa por parte del H. Aníbal, nos llevó a un fortín-museo de la guerra del Chaco, que nos permitió conocer un poco más de la historia del Chaco y compartir un momento especial con el resto de voluntarios.

Para finalizar nuestro voluntariado contó con un motiva despedida, donde los chicos y las chicas de la escuela nos brindaron con una serie de bailes típicos del Paraguay. Asimismo, la comunidad educativa se despidió de nosotros, dándonos su agradecimiento por la ayuda durante este tiempo y nos queda grabado un lindo mensaje de la celebración “Gracias por hacernos sentir importantes”, mensaje que devolvemos a todos ellos por su labor y dedicación a los niños.

DCIM100GOPROGOPR1110.JPGFinalmente, queremos agradecer a Proyde por darnos la oportunidad de disfrutar de esta experiencia y a la comunidad educativa de San Isidro Labrador por dejarnos llevar un pedacito de Paraguay en cada uno de nuestros corazones.

Un abrazo.

Conchy, Zoila, Elena, Carlos, Alexis, Jeremias y Joel.

Pongamos de moda el arte de ayudar.

Ya hace tiempo que pasamos el ecuador del viaje, y en este momento, no nos sentimos unos extranjeros, unos forasteros que vienen de un país lejano. Esos pensamientos son cosa del pasado, podríamos decir que son de la primera semana, pero ni siquiera el segundo día en tierras argentinas se nos pasó por la cabeza la idea de que éramos unos desconocidos. Después de más de veinte días en Casa Joven podemos describir perfectamente lo que es, un hogar inesperado y atemporal.

En este lugar nos hemos descubierto a nosotros mismos a través del trabajo, esta última semana los talleres propuestos fueron los habituales (panadería, carpintería, danza, huerto y como siempre, cocina). Además, la preparación de una pequeña fiesta con muchos juegos en la plaza del barrio de Los Ceibos, para celebrar el fin del proyecto gracias al cual compartimos horas de trabajo con un grupo de franceses y pibes argentinos. Fruto de estar mano a mano construyendo de cero un parque, los niños y no tan niños de este barrio pueden disfrutar de un espacio donde pasan el tiempo intercambiando risas, conversaciones y momentos de juego.

Este mismo fin de semana nos despedíamos de los franceses con una comida juntos, recordando los ratos que pasamos en compañía de todos. Después, fuimos al Municipio de Tigre, donde visitamos y nos recorrimos el Puerto de Frutos. Sin embargo, todos estábamos deseando que empezase una nueva semana en Casa Joven.

Esa nueva semana ha empezado y poco a poco muchas de las actividades que al principio del viaje no parecían gran cosa han ido tomando forma, un ejemplo es el invernadero, donde solo había un par de maderas puestas ahora está terminado y en funcionamiento. Otros talleres en los que todos hemos sido partícipes fueron la remodelación de la panadería, hacer juguetes en carpintería para luego venderlos y un taller de costura donde hemos puesto a prueba nuestra paciencia y habilidad.

Esperamos que los últimos días que nos quedan aquí los aprovechemos como hasta ahora y que sigamos construyendo la relación tan buena que tenemos con los pibes y educadores de Casa Joven, que son, sin ninguna duda, la razón por la que este lugar es así de especial.

  

DONDE HAY VOLUNTAD HAY UN CAMINO

Sentados en el porche de nuestra pequeña casa en mitad de la selva tailandesa se extiende ante nuestros ojos un basto manto verde uniforme, montañas cubiertas de vegetación que las convierte en gigantes monocromáticos. Unos más altos, otros más bajos. Impasibles a cualquier avance, observando la vida que pasa a su alrededor. Pareciera, cuando uno lo viera, que se detiene el tiempo a su alrededor.

Eso es lo que ven nuestros ojos de europeos cuando nos asomamos al balcón de la selva pero, como os dijimos, esos ojos se han ido transformando, adaptando. Y si el paisaje nos ha engullido, nosotros empezamos a engullir a el paisaje con otros ojos. Y donde antes solo había gigantes verdes, uniformes en forma y color, ahora apreciamos distintos elementos, una casa allí, un río allá, ese árbol que destaca sobre el resto. Si uno se queda parado ante la selva puede sentir hasta su respiración, bocanadas de aire caliente que salen de su interior como el aire se desprende de los pulmones del hombre. Cobrando vida. Vida que brota a raudales en su interior, a veces imperceptible a la mirada pero no al oído.

Y, por supuesto, lo que uno aprende a diferenciar de la selva cuando la ve con otros ojos son sus caminos. Sendas que se abren paso como las venas recorren nuestro cuerpo para transportar la vida. Y, por esos caminos, se mueven los elementos que dotan de dinamismo a los grandes gigantes verdes. Personas y animales que son una parte más del paisaje.  Cuando nuestros cuerpos se levantan del privilegiado balcón del que gozamos, es capaz de ver todos estos pequeños detalles, de introducirse en ellos incluso. Y a eso vinimos aquí, a construir caminos físicos y espirituales, que sirvan de puente para unir.

Como os dijimos la semana pasada, nuestro proyecto de cementado de un camino finalizó con éxito, logrando finalizar así nuestro primer vínculo con nuestra comunidad de acogida. También llevamos a buen puerto nuestra ayuda en las nuevas casas del hogar Blue Sky Home. Por tanto, esta semana estábamos huérfanos de trabajo físico, que no de tarea.

Nuestra semana ha transcurrido en el colegio de La Salle Sangklaburi, que para nosotros será ya por siempre nuestro hogar. Hemos estado impartiendo clases de inglés en distintos cursos,mezcladas con talleres, juegos y bailes. Ha sido una intensa semana de contacto con los niños que nos ha ayudado a fortalecer los lazos. A solidificar el cemento que durante este mes hemos ido poniendo en nuestro vínculo espiritual entre ellos y nosotros.

Resulta de gran satisfacción los saludos felices cuando nos ven ir de una clase a otra, cuando nos paramos a hablar con ellos. Sus caras de felicidad es algo que está quedando en nuestros corazones, como los primeros sedimentos de un camino invisible que empezamos a construir un ya lejano 19 de julio.

También esta semana, hemos tenido la oportunidad de vivir una jornada en las Escuelas de Bambú originarias, donde comenzó este bello proyecto. En la actualidad estas pequeñas escuelas junto a la frontera de Myanmar, dan cobijo a niños y niñas de corta edad, en su mayoría de un pueblo cercano y que por sus dificultades con el idioma están agrupados en este centro.

Fue una gran experiencia compartir momentos con ellos y poder observar en vivo las grandes carencias que muchos de ellos sufren. Pese a todo, la sonrisa que se dibuja en su cara, a todo momento nos recuerda que aunque sean grandes las dificultades que el camino nos presente, hay que afrontarlo con buena cara.

También queremos destacar que hace justo ahora una semana pudimos participar, en las mismas Escuelas de Bambú, en la despedida de un grupo de voluntarios franceses de un colegio de La Salle de Paris. Compartimos cena y bailes junto a ellos y algunos de los niños del hogar Blue Sky Home. Así como con los Hermanos de la Comunidad de acogida.

Además el pasado fin de semana, aprovechando la ausencia de clases y el fin de nuestros trabajos de campo, fuimos a conocer la ciudad de Kanchanaburi con su famoso puente sobre el río Kwai y unos alrededores con una naturaleza espectacular con sus santuarios de elefantes y las cascadas de Erawan como principal atractivo.

La semana pasada, a su vez, tuvimos la ocasión de acompañar al autobús que recoge a los niños en la frontera de Myanmar. Es sin duda una experiencia impactante ver el flujo de gente que cruza la frontera cada mañana y como el autobús se va llenando, hasta pasar el número de cien niños, que acuden desde ese lado a nuestro colegio. También tuvimos la oportunidad de ver el mercado que se instala todos los viernes en el entorno de las Tres Pagodas (paso fronterizo)

Nuestra convivencia con los chicos del Blue Sky Home sigue forjando una gran unión. Ya somos una parte más de ellos, los momentos previos a la cena, la misma cena y los momentos que le siguen han hecho que exista una gran complicidad con todos ellos.

Como nota curiosa, esta semana hemos podido disfrutar de una cena especial, una familia tailandesa de una ciudad cercana, que habitualmente colabora con la institución, preparó la comida y regaló a todos los niños dulces. Un gran gesto que habla bien de lo importante que es la labor que estos Hermanos llevan en la zona; admirados por muchos, incentiva a la gente que tiene más recursos a colaborar con la causa. Los chicos les hicieron el mejor de los regalos, su voz en forma de canción.

Escribíamos en el titular de esta noticia que donde hay voluntad hay un camino. Sería injusto apoderarnos de esta frase y no mencionar  a su autor, que no es otro que San Juan Bautista de la Salle. Realmente así es, cuando existe empeño, cuando el motor de los hombres se pone a trabajar, no hay imposible. Nuestro empeño nos llevó a finalizar nuestros proyectos de camino y de pintura, ayudando a construir caminos físicos que se adentren y sigan dando vida a esos grandes monstruos verdes que forman la selva. Y es nuestra voluntad la que nos sigue moviendo para construir los caminos importantes, los invisibles, los que nunca podrán separarnos y unirán miles de kilómetros, de Tailandia a España y viceversa. Del corazón de unos muchachos a nuestros corazones.

INDIA , ¿ Qué me das ?

° India °

India con I . De ILUSIÓN.

En lo que vemos ,sentimos,imaginamos.

En los momentos,que sin querer,hacemos magia.

India con N . De NOVEDAD.

En los olores,sabores,sonidos…

Nuevas costumbres,gestos,sensaciones.

Nuevas palabras.

India en medio D . De DIOS.

Un Dios Padre.Amigo.

Dios del perdón.De confesión.De ayuda.De corazón.

Presente en cada segundo,en la oración,en la convivencia,en las dificultades,en las sonrisas.

En los Hermanos,en los niños.Pero sobre todo en NOSOTROS.

India con una I después.De INQUIETUD.

Inquietantes en lo desconocido.Por lo que vivimos y sobre todo por lo que descubrimos.

India acaba con A . De AMOR.

Amor por lo que nos rodea.Por cada mirada.Por cada suspiro.

Por cada regalo ,que,sin querer recibimos.

Amor,que ha hecho mas grande nuestro corazón.

Sara Muñoz.

Tuticorin.Agosto 2017

Hasta siempre Karemeno!! Asante Sana!!

Ya en nuestras casas, con la pena de despedirnos de este mágico lugar y con la sensación de haber dejado un bonito hogar para siempre en Karemeno, reposando esta vivencia inolvidable y con la pena de dejar el lugar que durante casi un mes ha sido nuestra vida nos disponemos a cerrar este voluntariado queriendo transmitir al menos un poquito de lo que allí hemos vivenciado. Y es que allí nos han abierto las puertas de sus aulas, de sus casas, de sus proyectos, de sus costumbres…pero sobre todo las puertas de su corazón, y aunque hayamos tenido que decir adiós a esta experiencia, queremos quedarnos con la sensación de un HASTA SIEMPRE, porque la distancia separa los cuerpos pero no los corazones y así esas personas que hemos conocido y han marcado nuestros pasos estén siempre cerca.

En esta original escuela en el centro de Kenia, dónde conviven Hermanos de la Salle, profesores, trabajadores y chicos y chicas con unas ganas enormes de sonreír a la vida se nos ha contagiado ese Hakuna Mathata que deseamos este siempre presente en nuestras vidas.

Los últimos días hemos podido terminar la parte de construcción de nuestro proyecto, el baño para las chicas que hace que el colegio pueda seguir creciendo, y permite seguir teniendo vivo el sueño del Hermano Steve de que cada vez sean más los adolescentes que puedan seguir poniendo en la educación la base de sus vidas y la fuerza para hacer de su país un sitio mejor para todos los que allí viven.

Hemos tenido la gran suerte de poder compartir más rato con los chavales, pues habían estado liados por los exámenes en días previos. Hemos compartido deportes, juegos, actuaciones, resultados de exámenes, vigilia, visitas a familias muy necesitadas, talentos…sonrisas, miradas, humildad, alegría, paz, compañerismo…valores que tanto nos cuesta mantener vivos en nuestra sociedad que de tanta vida presume y que en Karemeno y en Kenia salen a relucir con mucha fuerza a pesar de las dificultades.

También hemos visitado otras obras de la Salle de otras ciudades como Nyeri, Nakuru o Nairobi, dónde hemos visitado proyectos muy variados. Desde un centro para acoger y recuperar a chavales perdidos entre las calles de barrios marginales, pasando por centros para formar a estudiantes en oficios que les puede hacer tener un trabajo que de estabilidad a su vida, hasta la casa de acogida central para los que sienten la llamada de Dios desde el espíritu de La Salle, espíritu que gracias a Dios sigue muy vivo en muchos lugares del mundo y que tengan más o menos comodidades, saben siempre agradecer el don de la vida y sienten viva la llama de la esperanza. Por eso queremos siempre estar unidos a todos ellos y cada vez que digamos ese “Viva Jesús en nuestros corazones”…”por siempre” estará presente en los corazones de nuestros amigos, de nuestros Rafikis, de nuestra querida Kenia.

Hemos aprendido mucho, y lo ideal es que ahora aquí en nuestras casas sigamos aprendiendo para que la esencia de Kenia, el espíritu de Karemeno, siga presente en nuestro corazones, y así poder acompañar de la mejor forma la vida de la gente que nos rodea, hacernos conscientes de las verdaderas prioridades de la vida para comportarnos como verdaderos hermanos y luchas porque siempre este presente la llama de la paz y la alegría.

Nos creíamos que íbamos a llevar o dar algo en nuestro voluntariado…y hemos recibido tanto…HASTA SIEMPRE KAREMENO Y ASANTE SANA.