Todas las entradas de: SARA SAENZ DE SANTA MARÍA HERNÁNDEZ

Pongamos de moda el arte de ayudar.

Ya hace tiempo que pasamos el ecuador del viaje, y en este momento, no nos sentimos unos extranjeros, unos forasteros que vienen de un país lejano. Esos pensamientos son cosa del pasado, podríamos decir que son de la primera semana, pero ni siquiera el segundo día en tierras argentinas se nos pasó por la cabeza la idea de que éramos unos desconocidos. Después de más de veinte días en Casa Joven podemos describir perfectamente lo que es, un hogar inesperado y atemporal.

En este lugar nos hemos descubierto a nosotros mismos a través del trabajo, esta última semana los talleres propuestos fueron los habituales (panadería, carpintería, danza, huerto y como siempre, cocina). Además, la preparación de una pequeña fiesta con muchos juegos en la plaza del barrio de Los Ceibos, para celebrar el fin del proyecto gracias al cual compartimos horas de trabajo con un grupo de franceses y pibes argentinos. Fruto de estar mano a mano construyendo de cero un parque, los niños y no tan niños de este barrio pueden disfrutar de un espacio donde pasan el tiempo intercambiando risas, conversaciones y momentos de juego.

Este mismo fin de semana nos despedíamos de los franceses con una comida juntos, recordando los ratos que pasamos en compañía de todos. Después, fuimos al Municipio de Tigre, donde visitamos y nos recorrimos el Puerto de Frutos. Sin embargo, todos estábamos deseando que empezase una nueva semana en Casa Joven.

Esa nueva semana ha empezado y poco a poco muchas de las actividades que al principio del viaje no parecían gran cosa han ido tomando forma, un ejemplo es el invernadero, donde solo había un par de maderas puestas ahora está terminado y en funcionamiento. Otros talleres en los que todos hemos sido partícipes fueron la remodelación de la panadería, hacer juguetes en carpintería para luego venderlos y un taller de costura donde hemos puesto a prueba nuestra paciencia y habilidad.

Esperamos que los últimos días que nos quedan aquí los aprovechemos como hasta ahora y que sigamos construyendo la relación tan buena que tenemos con los pibes y educadores de Casa Joven, que son, sin ninguna duda, la razón por la que este lugar es así de especial.

  

Después de toda la semana trabajando en los distintos talleres de casa joven y compartiendo experiencias con los pibes, decidimos disfrutar el sábado en buenos aires. Conocimos el barrio de Palermo donde vistamos el exótico jardín japonés que , aunque la mayoría de sus plantas no estuvieran en flor, pudimos contemplar los umes típicos de Japón.

Al salir de ahí fuimos dando un largo pero agradable paseo hasta llegar a Plaza Francia. Allí había un mercado de cosas artesanales, donde comimos los deliciosos panes rellenos que no dejaron a nadie con hambre.

La noche la pasamos en casa de los Hermanos de la Salle que nos brindaron otra vez su hospitalidad y nos hicieron una cena deliciosa. El domingo transcurrió tranquilo en la casa hasta las seis de la tarde que emprendimos la vuelta a casa joven.

Comienza la tercera semana en casa joven, nos cuesta creer que haya pasado la mitad de nuestro viaje, pero las fuerzas no se nos terminan.

El martes hicimos una asamblea de pibes argentinos y españoles en la que planteamos unas preguntas y las tratábamos todos juntos, cada uno exponiendo su opinión y respetando el turno de palabra. El intercambio nos sirvió para saber que todos nos complementamos y que compartimos un agradecimiento mutuo. Ellos por que hayamos venido. Nosotros por lo que estamos aprendiendo.

Seguiremos informando.

Conociendo nuevas realidades…

Durante esta semana, algo dentro de nosotros estaba cambiando. Todo a empezado a dar vueltas en nuestras cabezas, y nos hemos topado con sentimientos muy dispares.

Hemos realizado los diferentes talleres en casa joven que se nos propusieron y en los distintos talleres encontramos gente distinta que nos mostraba su realidad y que nos enseñaba algo nuevo. Ellos se nos abrían cual libro, y nos dejaban impresionados con cada historia, cada forma de vida. Desde una familia destrozada que seguía luchando, hasta personas que no creían poder caer más bajo y nos mostraba una gran sonrisa al vernos cada mañana.

Aunque no todo fue hacer talleres, también fuimos a ayudar al barrio. Lugar donde se están reconstruyendo todos los juegos de el parque; desde lijar y pintar hasta colocar estos juegos y que los niños disfruten de ellos. El barrio es un lugar distinto, donde hay desde casas hechas con chapas hasta casas realizadas con buenos materiales. Un lugar donde la lluvia llena las calles enteras y las inunda a la vez que destruye hogares al no tener un buen sistema de alcantarillado. Pero esto no solo impide a los coches a no moverse, sino que también deja a pibes sin poder ir a la escuela  o sin dormir por achicar agua para que no se ahoguen. La lluvia es capaz de llenar un casa entera del barrio.

Algo que nos extraño mucho fue que mientras estábamos trabajando (pintando y lijando), la gente del barrio se acercaba a nosotros y nos traían agua y nos hablaban de ellos y de lo bien que les parecía que estuviésemos arreglando la plaza.

El jueves por la mañana, un grupo se fue a repartir panfletos alrededor del barrio porque al día siguiente íbamos a  realizar una serie de juegos en la plaza. Mientras los repartían vieron como los niños jugaban en el barro o en los patios de sus casas que también estaban embarrados. Un pibe que les acompañaba entraba en la casa y les daba el panfleto y les informaba. Los que fueron a repartir por el barrio, nos contaron la realidad a los que nos quedamos en la casa. Nos quedamos muy intrigados y a la vez algo tristes por las situaciones que nos comentaron nuestros compañeros.

Al día siguientes pudimos comprobar alguno de los espacios que nos describieron, fue una tarde bastante productiva y fructífera. Es decir, fue productivo porque conocimos más situaciones y pudimos hacer que ellos se evadiesen de sus situaciones, eramos iguales todos y jugábamos al mismo nivel no hubo en ningún momento ese sentimiento de superioridad que esperaba tener o sentir.  Y fue fructifera porque de esa tarde pudimos sacar muchas reflexiones y cuestiones y a todos se nos quedó algo marcado.

Ya para terminar, decir que esta experiencia esta siendo muy enriquecedora con solo dos semanas de estancia aquí; estoy seguro de que todo lo vivido no llega al 10% de lo que nos queda.

Capital federal

Recién llegados a Buenos Aires, y ahí tenemos la ciudad a nuestros pies.

Creo que las ciudades no son sus edificios, ni sus rascacielos más altos o los más emblemáticos. Las ciudades no son ni siquiera sus amaneceres o sus parques o sus puentes, por bonitos, por largos o por espectaculares que sean.

Las ciudades no son sus personas, las ciudades tampoco son sus fachadas, o sus banderas, o sus ríos o sus mares. Ni sus paredes, aunque a veces estas paredes sean paredes pintadas o paredes que hablan o gritan más que sus políticos.

Las ciudades no son las calles que ves desde la ventanilla del colectivo, o desde lo alto de un edificio que desafía el cielo, o el asfalto. Ni las aceras que pisamos cuando vamos de una calle para otra o de una plaza para otra o de un monumento para otro.

Esta claro que ninguno de nosotros vinimos como turistas, pero Buenos Aires no dejo a nadie de los nuestros indiferente. Poco tardamos en enamorarnos de sus calles, sus colores, su gente.

Las ciudades son, bueno, o eso creo yo, lo que nos recuerdan, lo que hemos vivido en ellas o lo que nos proyectan en la distancia.

Hay ciudades que tienes que visitar, puentes que tienes que cruzar, sueños que tienes que perseguir y personas a las que tienes que cuidar.

Nuestros primeros días en González Catán

Tras casi 13 horas en avión y un movido viaje en furgoneta a González Catán fuimos recibidos con mucha ilusión y entusiasmo.

La gente de la casa nos esperaba con los brazos abiertos y con ganas de saber nuestra historia. Nosotros por nuestra parte, encantados y algo sorprendidos nos dejamos llevar y enseguida nos sentimos uno más.

Después de un día de adaptación rápidamente nos pusimos con las tareas que nos habían encomendado. La mitad de nosotros fuimos a la colonia, lugar en donde los niños con diversos problemas en casa van a pasar las vacaciones de invierno. Otros nos encargamos de diversos proyectos que ya estaban en marcha como ir a arreglar un parque o pintar la pista de baile.

Sin duda, esta experiencia nos ha abierto los ojos y nos ha ayudado a pensar diferente. Cosas que salieron a la luz la reunión que tuvimos el segundo día.

Ya hemos aprendido mucho, y esto acaba de comenzar.