Un mundial de fútbol en África…

Una primera entrada tras los cinco primeros días para contarles lo que nos está pasando en estos primeros días. La verdad que el viaje fue muy bueno, tanto por la compañía como por la conexión, tiempos de espera… todo parecía ir como un reloj hasta que comenzó la aproximación al aeropuerto de Yaoundé donde comenzó a haber una cierta memoria que finalmente quedó en unos treinta minutos. La verdad y tal como había ido todo hasta este momento, no nos podíamos quejar. Pero lo peor estaba por llegar y es que nuestras maletas no salían por la cinta. Apenas seis de los dieciséis lograron recibirla… los demás tuvimos que esperar un par de días donde trabajamos la paciencia y la solidaridad para solventar con holgura este contratiempo. Todo ello habla muy bien de la calidad humana de este grupo. Finalmente todos hemos podido rescatar nuestras maletas y parece que este asunto se quedará en una anécdota más para contar de nuestra historia en África.

Nuestro primer día, sin apenas dormir un poco en el mismo avión fue un poco complicado. Aunque por la tarde comenzaría nuestro primer partido de fútbol de la serie que a día de hoy sigue ininterrumpida.  Esto además en estos últimos días donde el trabajo va siendo más duro es una verdadera muestra de fortaleza. Desde luego, no cabe la menor duda, que este verano tenemos un grupo muy deportista. Algo que hace las delicias de nuestros anfitriones a los que les gusta tanto o más que a nosotros mismos el deporte rey.

El domingo comenzamos a descubrir el “reloj” africano al ver como la Eucaristía de las diez comenzaba cerca de las once y como si este retraso no hubiera sido importante, la homilía se extendió lo que se debe extender en esta zona del planeta… resultado final algo más de una hora de Eucaristía. Ya se pueden imaginar que a la tarde lo que hicimos fue jugar de nuevo una vez más. ¡Qué fortaleza!

A todo esto en estos dos primeros días nos vamos aclimatando a nuestro nuevo hogar, sus cubos de agua, el arroz, compartir el baño y la habitación, fregar la vajilla… pero por respuesta de los protagonistas principales parece que no hay otra que a pesar de las incomodidades se encuentran felices y contentos, dispuestos a comenzar la tarea que nos ha traído hasta aquí.

Por fin llegó el día del inicio de trabajo y gracias a Dios, recuperamos nuestras maletas, lo que nos iba a hacer más fácil poder estar presentable después del trabajo. Ciertamente, se echa de menos el disponer de nuestros pequeños tesoros como unas cholas, nuestro gel o algunas golosinas que venían en las valijas perdidas. Jaime y un servidor descubrimos que no solo no traerían las maletas hasta nuestro hogar… además tendríamos que buscarlas entre un centenar de ellas, hacer fotocopias de nuestros pasaportes y ”pagar” la correspondiente multa.

Mientras el gran grupo se dedicaba a limpiar y desbrozar el campo donde en breve comenzaremos a construir nuestra obra. En principio una cantina, lugar donde los alumnos puedan comer los días de lluvia para no hacerlo en las mismas clases donde pasan el resto del día estudiando. Por la tarde y una vez acabada la tarea de limpieza empezamos a cavar para hacer los cimientos de la cantina. Mucho vigor, tierra y cansancio pero sobre todo mucha eficacia ya que cumplimos los objetivos previstos en el primer día. Fosas hechas y todo preparado para que al día siguiente podamos comenzar a poner los cimientos. Evidentemente esto no quitó el correspondiente partido entre españoles y cameruneses. Hasta este día, eso si, resultados muy positivos para nuestro equipo… pero desde aquí se complicará porque el cansancio parece que nos hace más mella a nosotros que a ellos. Al final todo es un buen motivo para compartir y convivir con los voluntarios cameruneses con los que vamos a compartir este mes, convencidos que este será además inolvidable entre otras cosas por las personas que vamos a conocer.

Las noches dan lugar a distintos corrillos donde se juega, se habla y se comparte. Entre los juegos no falta el pin-pon y si alguno cree que no hay fuerzas para seguir haciendo deporte es que no conocer a los voluntarios de este verano. Todavía no hemos cogido bien los ritmos de descanso y alguno tarda en dormir y en dejar dormir, pero esto convencido que es cuestión de pocos días más para que todos deseemos descansar convenientemente.

En los dos siguientes días de trabajo hemos seguido avanzando en la construcción. Ya están los cimientos listos y empezamos a poner las primeras filas de bloques. En estos días hemos aprendido a preparar la ferralla, el hormigón y el cemento. Hemos movido carretillas de grava y arena, hemos ido a buscar cubos y cubos de agua… pero no hemos aflojado un ápice nuestro empeño por hacer las cosas lo mejor posible. Y desde luego que el resultado es positivo.

Hoy miércoles nos hemos ido por la tarde a visitar un centro donde hay una escuela de verano. Lo gestiona una ONG italiana. Hemos podido compartir con los niños un buen rato de la tarde y después hemos jugado un partido de básquet… lo que no implica ni mucho menos dejar de lado el tradicional partido de fútbol diario. Esta parada después de comer para hacer algo diferente y descansar de la obra nos ha venido a todos muy bien. Seguro que mañana encontraremos aún más fuerzas para seguir haciendo nuestro proyecto una realidad.

Como se pueden imaginar con tanto deporte y gasto de energías no hay huecos para que nadie se encuentre mal. Como siempre algún malestar propio de estómago de los que viajan, pero poco más. Todos nos encontramos con la misma dosis de ilusión y de ganas que al principio. Por ahora la convivencia nos está dejando mucho bueno y positivo. Cada vez más nos vamos sintiendo un poquito de este zona tan hermosa de este maravilloso continente africano.

Hoy no les he hablado mucho del grupo, tampoco de nuestros anfitriones… lo dejaré para más adelante, pero pensaba la mayoría de los que estaban esperando esta primera entrada lo que querían leer es qué hacemos y cómo nos estamos encontrando en estos primeros días. Creo que misión cumplida… nos sentimos muy apoyados de allí por todos ustedes, muchas gracias.