! SE ACERCA EL MOMENTO!

Con muchos nervios estamos ya contando las horas para que despegue nuestro avión rumbo a Benín.

Nos presentamos, somos cuatro chicas, tres madrileñas y una granadina. Nos llamamos Elena, Bea, Ana y Lidia. Llevamos tiempo preparándonos para este viaje, sabiendo que va a cambiar nuestras vidas y que las personas que mañana salgan de España volverán completamente cambiadas… Vamos dispuestas a entregarnos con ilusión, servicio y mucho cariño. Pero estamos seguras de que vamos a recibir mucho más de lo que demos.

Vamos a ir a una escuela en construcción en la ciudad de Bohicón, Benín. Nuestra labor va a consistir en aclimatar las instalaciones del colegio para su próxima apertura con tareas de pintura, jardinería, acondicionamiento de las aulas… Por las tardes, estaremos con los niños del poblado disfrutando de talleres de papiroflexia, manualidades, dibujo, etcétera ,  lo cual hemos estado preparando con mucha alegría.

Tenemos la suerte de contar con la ayuda incondicional del Hermano Paco Fallado, con el que hemos estado en contacto desde hace algunos meses preparando nuestro viaje.

Os iremos contando nuestro día a día allí, para acercaros de alguna forma a nuestra experiencia de voluntariado.

Terminamos con el espíritu de Proyde que nos ha llevado a dar este gran paso hacia delante:  Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, pueden CAMBIAR EL MUNDO”

¡Seguimos en contacto!

AMANECER EN KAREMENO

La aventura dio comienzo desde nuestras seguridades, nuestro hogar, pero empujados y enraizados como un fuerte lazo nos unimos, ayudados por los nuestros, los más cercanos. Aquel avión dejó una estela en el cielo, donde se iban esfumando nuestras comodidades y se iba dibujando una pequeña historia de amistad. Horas interminables que se hicieron más que ligeras junto al otro, el grupo ya empezaba a dar señales de vida. Contemplar la belleza del Cuerno de Oro desde las nubes y sus mezquitas, hizo de Estambul, un pequeño cuadro en nuestros ojos, asombrados bajamos a tierra, para disponernos en la siguiente travesía nocturna; ahora hacia el corazón de África.

Pisar la tierra del origen de la humanidad, aquella tierra maltratada, desposeída de tanto, que ahora nos acogía con los brazos de los hermanos: Sthepen, Mike y Sam. Los primeros miedos de ocho occidentales, con sus rectas mentalidades hicieron su aparición en aquella furgoneta amarilla, cuyos movimientos parecían ser el de un elefante enfadado. Atravesar Nairobi para dirigirnos a un lugar desconocido por las guías de viaje, pero que con los días sería nuestro hogar: Karemeno.

De la noche, nació el día y nuestros ojos de niño, pudieron ver la grandeza de África. Arropados, pegados unos a otros, frío y a la vez calor, todo necesario para llegar a conocer la riqueza de Kenia: sus hijos, aquellos que la vida ahora nos daba la oportunidad de conocer en nuestro destino.

Nuestra casa, nos cobijó en las primeras horas del alba. Como una familia establecimos espacios y un gran salón para nuestras tertulias y juegos nocturnos. Saciados y prendados por tal acogida, sentimos que daban todo lo que tenían, su comida, su esfuerzo y trabajo. Excelentes platos, bendecidos antes por nuestra oración, dando gracias siempre a Él por los bienes recibidos. Del alimento de cuerpo, pasamos al alimento del alma. Introducidos en su mundo, su cultura, su música, quedamos admirados, fortalecidos al asistir, a la gran fiesta de su Eucaristía. Fuimos presentados y Emilio hizo eco de la alegría de cada uno de nosotros.

Estas líneas no tendrían tanto sentido, si dejara en la pluma nuestro proyecto. Una nueva casa para una familia. De aquel pastizal duro, lleno de raíces, su tierra roja y seca, fuimos dándonos para ir cimentando el nuevo hogar y a la vez nuestras relaciones, pues sirve a día de hoy como campo de trabajo y de limar asperezas. No fue una tarea fácil establecer aquella base. El sudor, el calor ecuatorial, los vientos de los Aberdare se unían a los múltiples esfuerzos por ahondar más en la tierra, que se nos presentaba como imposible. Gracias a todos pudimos, ya fuera cantando, bailando o cavando. Nuestros compañeros de fatigas, los lugareños empezaron a encontrar sentido a nuestro trabajo, estableciéndose así una unión de pueblos y sentidos, rompiendo los límites de lengua y cultura.

Los niños son la riqueza de Kenia, es el verdadero oro que debe aquilatarse. Sus miradas son tan profundas como diversas, unas nos muestran unos ojos de valor, fortaleza y juventud como las de nuestro colegio de Karemeno, pero otros pobreza, soledad y tristeza en los caminos hacia Nyeri dónde pasamos una jornada entrañable conociendo la realidad de una ciudad del continente y New City, el pequeño poblado de agricultores, pastores y pequeños comerciantes.

Sabemos que es en el encuentro con el Otro, dónde está el verdadero sentido de nuestra estancia, ya sea con los hermanos que nos acompañan y nos han dado su casa, los trabajadores que conviven y son testigos de nuestro sudor y nosotros de sus realidades, los niños que corren, sonríen, nos buscan y se esconden entre las acacias, pero ante todo está ese encuentro en el amor entre nosotros, la unión y la fortaleza para seguir haciendo lo que Él tiene preparado para cada uno.

Primeras sensaciones

Nuestra aventura comenzaba en una furgoneta de quince personas en la que íbamos treinta más nuestras maletas (algunas ausentes), llenos de ilusión por llegar al destino tan esperado. La unión con los africanos fue muy rápida, nos bastaron tres canciones para sentirnos como en casa. De camino a lo que sería nuestro nuevo hogar, nos encontramos con uno de los paisajes más impresionantes: nuestro primer amanecer africano.

Eran ya las seis de la mañana y muertos de sueño elegimos las habitaciones para, por fin, poder dormir. Tres horas más tarde, nos encontrábamos en pie para desayunar… lo de pie es literal, pues todos nos fuimos a sentar para coger fuerzas y afrontar nuestro primer día, pero en Camerún vimos algo diferente, ya que todos los voluntarios se quedaron de pie para bendecir la mesa.

Después del desayuno llegaba la presentación para conocer a nuestra nueva familia camerunesa. Una campana sonaba, era la llamada para ir a comer, sí, a las doce y media de la mañana y nosotros, aún desubicados, seguimos saboreando la experiencia sin ser conscientes de lo que estábamos viviendo. Las novedades seguían, poníamos rumbo al centro de Mbalmayo para conocer la zona y nos encontramos con un diluvio (aparentemente normal) que se acabó convirtiendo en una tormenta. Esto hizo que tuviéramos que volver a casa empapados, no solo de agua, también de ilusión. Gracias a este imprevisto, pudimos disfrutar de una rica ducha al aire libre.

Ya limpitos y vestidos sonaba de nuevo la campana que indicaba que teníamos que ir a la oración, esta vez un poco más larga ya que era sábado, un día especial. Después de la cena, nos adentramos en la forma de vida africana; tuvimos que llenar cubos de agua para poder ducharnos, ir a rellenar nuestras botellas de agua potable y dormir bajo las mosquiteras. El momento peor esperado de la noche llegaba, teníamos que fregar con cubos y sin luz nuestros platos usados en la cena, pero nuestros compañeros cameruneses tuvieron el detalle de quitarnos este peso de encima. Llegaba el momento de dormir para empezar un nuevo día, el domingo.

Nuestra rutina siguió siendo la misma con la diferencia de que tuvimos una celebración especial que se seguiría haciendo todos los domingos de nuestra estancia. Algo que nos llamó la atención fue el paso del tiempo, pues pensábamos que eran las cuatro de la tarde y solo eran las doce del mediodía, lo que significaba que llegaba la hora de comer (¡MALARONEEE!). Ahora nos tocaba a nosotros fregar la vajilla y tras un pequeño descanso, jugamos a fútbol con nuestros compañeros voluntarios.

Comenzaba la semana de trabajo: campana, desayunos, vestirnos y… ¡manos a la obra! (nunca mejor dicho). Mientras unos hacían cadenas para cargar bloques, otros se turnaban para llevar la carretilla llena de arena. Nuestros días se repetían y nuestro gallinero se iba levantando. Para celebrarlo, cogimos unas cuantas motos para ir al centro y tomar algo mientras que los más deportistas iban nuevamente a jugar a fútbol. Sin embargo, hubo momentos que guardaremos en nuestra retina para toda la vida, como aquel día en el que vimos la tormenta desde el porche disfrutando del ruido de la lluvia con las luces apagadas para apreciar los rayos.

(Esta foto  fue realizada antes de empezar la obra)

Y así terminaría nuestra jornada. El fin de semana empezaba de la mejor manera, tomando algo en familia para celebrar que teníamos dos días de descanso por delante. Aunque pasó algún que otro imprevisto: teníamos preparada una excursión a Yaoundé la cual no se pudo llevar a cabo porque la carretera estaba colapsada pues iba a pasar el presidente (se paralizan las carreteras por su seguridad), así que decidimos volver a Mbalmayo para ver si podíamos ir al río, pero tampoco pudimos ya que la empresa de transporte no fue flexible con los cambios. Por lo tanto, volvimos a casa y vimos la escuela por dentro para hacer algo diferente. Con ganas de hacer una actividad que aumentara nuestro estado de ánimo, decidimos ir a la piscina en moto y… ¡cuando llegamos estaba vacía! Media vuelta y a casa caminando.

Para finalizar nuestro día y consolarnos de la mala suerte que habíamos tenido, vimos todos juntos una película en el comedor.

El último día de la semana lo celebramos en una misa en la que conocimos a otros españoles que también estaban haciendo cooperación en Camerún, comimos con vistas a Mbalmayo y descansamos para seguir con energía esta nueva semana que comienza.

Y en conclusión, esta semana se cierra llena de novedades e imprevistos. C´est la magie!

Comienza nuestra experiencia camerunesa

¡Un saludo para todos! Ya está todo listo y nos encontramos en Mbalmayo. El viaje ha sido un poco largo. Salimos ayer con caras de alegría, pero sobre todo con el espíritu lleno de ilusión por vivir lo que, estamos convencidos, va a ser una experiencia que nos ayude a crecer y a ser mejores personas.

Pero esto no empezaba en el aeropuerto de Tenerife Norte con destino a Yaoundé y escala en en Casablanca. Comenzó mucho antes con multitud de reuniones y encuentros para prepararnos formándonos como voluntarios y haciendo cada vez más grupo, algo que sabemos que será esencial.

Así nos ha tocado compartir experiencias, trabajos que nos han ayudado a sentirnos cada día más como un equipo, como una verdadera Comunidad. Hemos desarrollado una reunión todos los miércoles de este último año y hemos animado convivencias con los peques del cole. Nos comprometimos para vender bocadillos, cafés, camisas… todo para que nadie del grupo se nos quedara fuera. Y por supuesto nos sentimos parte de PROYDE participando en actividades tan importantes en nuestro colegio como la “Cena del Hambre”.

Y así en una tarde del mes de junio nos sentimos finalmente enviados por la Comunidad de nuestro colegio La Salle San Ildefonso. Nos reunimos en la capilla y compartimos una hermosa celebración cargada de sentimientos. La fecha de la salida se iba acercando. Los nervios empezaban a aparecer. Pero siempre nos sentimos grupo, nos sentimos con mucha ilusión por vivir una experiencia de fe, servicio y comunidad con nuestros hermanos voluntarios lasalianos de Camerún. Allí nos espera la construcción de un gallinero y el arreglo de las canalizaciones del agua.

Y ya esto que hace dos años parecía un sueño, se nos ha convertido en una realidad. Un grupo muy numeroso porque casi nadie se nos caía… más bien al contrario, cada vez nos encontrábamos más convencidos de vivir y disfrutar de un verano diferente. Un verano solidario y de servicio con alguien que hasta ayer no conocíamos pero que estamos seguros que desde anoche empezarán a formar parte de nuestra familia, nuestra familia africana.Aquí nos tienen a unos pocos con algunos de nuestros nuevos compañeros algo más allá de las cuatro de la madrugada mientras intentábamos recoger nuestras maletas. La bocanada de aire húmedo y cálido que nos recibió era un anticipo de un primer contratiempo del que se nos había advertido… y es que siendo tantos y con algunas maletas tan grandes ¿verdad Paula? alguna maleta no iba a llegar a destino. Nada que no podamos arreglar y superar

Aunque está claro que el viaje fue duro porque desde que llegamos al aeropuerto a las 13:30 hasta que aterrizamos en Yaoundé a las 3:30 habíamos pasado ocho largas horas en dos aviones… quizás por eso es fácil contraponer algunas fotografías del antes como esta:

y algunas del después como esta otra… una vez que habíamos llegado y que tocaba rellenar fichas, pasar controles de pasaporte… El cansancio empezaba a aparecer y eso que todavía nos quedaba un buen rato de espera en el aeropuerto y un trayecto por carretera hasta Mbalmayo. Algo que iba a retrasar nuestro descanso hasta cerca de las seis de la mañana… podremos dormir hasta el “petit dejeuner”. Y después empezaremos a pisar la tierra del hermoso jardín que Dios creo en este ricón de África y que va a ser nuestro hogar en el mes de julio

Pero para que no parezca del todo qué estábamos tan cansados, una vez que recogimos nuestras maletas y mientras esperábamos a ver si salían las de los demás se fue mejorando el ánimo. Les dejo aquí esta fotografía con algunos a la espera y reanimando poco a poco el espíritu…Y por último aquí les dejamos a aquellos que no recibieron sus maletas y que tendrán que esperar un par de días a que aparezcan en el siguiente vuelo. Las caras lo dicen todo y es que unas maletas más o menos no nos van a desanimar en nuestro empeño de vivir algo muy especial.

Bueno si nos quieren seguir y acompañar tomen nota de esta dirección y visítenos porque nos hará ilusión sentirnos apoyados desde allá. Besos y abrazos para todos.