COMPARTIENDO MIRADAS Y MUCHO CORAZÓN

 

¡Muy buenas a todos!

Lo primero decir que este viaje está siendo una experiencia nueva y única que cada día vivimos con energía y ganas de aprovechar al máximo nuestras capacidades de aportar nuestro granito de arena.

El día 8 de julio llegamos, somnolientos pero ilusionados, a Asunción, capital de Paraguay, donde nos alojamos en la casa de los Hermanos de La Salle de la ciudad de Fátima. A lo largo de los siguientes días pudimos conocer al grupo de Pastoral del colegio La Salle del lugar, monitores con quienes afortunadamente conectamos y conseguimos hacer que la semana de actividades mañaneras y dinámicas fuese inolvidable tanto para los niños que acudían a estas como para nosotros. Durante las tardes nos dedicamos con esmero a darle un lavado de cara al colegio, restaurando pupitres, dándole color al “tinglado”o lo que fue una de las mejores oportunidades que tuvimos esa semana: dejar volar nuestra imaginación y llenar el centro de color con un mural que sin duda será un sello de este viaje que nos marcará durante tanto tiempo. Éste se basaba en un árbol con sus raíces y una copa frondosa llena de hojas de distintos colores, iluminado por una llama y la estrella de La Salle, simbolizando la diversidad, la unión y el camino que la fortalece.

Llegó el viernes 13 y con él se derramaron algunas lágrimas pues esa semana de juegos con los niños se acababa, pero como siempre ocurre no dijimos adiós, dijimos hasta luego, y aunque nos diese pena tuvimos la oportunidad de pasar el fin de semana con los monitores de Pastoral en un retiro en Piribebuy, lugar del que todos nos enamoramos y donde tuvimos la oportunidad de abrirnos y liberar ese cúmulo de sentimientos que todos teníamos.

Al volver a Asunción dedicamos los dos siguientes días a conocer un poco de la cultura e historia del país, gracias una vez más a ese grupo de Pastoral que en tan poco tiempo nos hizo tanto, y al cual dolorosamente tuvimos que decir “hasta pronto”, pues el miércoles pusimos rumbo a Pozo Colorado, donde nos esperaba otro proyecto igual en el que estamos teniendo la gran oportunidad de seguir reconociendo sonrisas que tiñen de color cada nuevo día.

Aquí tenemos la oportunidad de vivir junto a los Hermanos de La Salle, las Hermanas de José Cluny y el otro grupo de voluntarios.

Nos levantamos cada día con los ojos abiertos y el corazón lleno de ilusión para dar y recibir.
Estamos colaborando en la construcción de unos “camineros ” para conectar los edificios y hacer un techado para evitar la lluvia. También tenemos la oportunidad de entrar en las clases para dar algunos temarios, hacer deporte, participar en talleres y disfrutar de los cientos de sonrisas con los que, cada día, nos encontramos.

Y bueno, este ha sido en resumen de estas primeras semanas en Paraguay del grupo de Gente Pequeña del Colegio La Salle Sagrado Corazón. Sin duda está siendo algo innovador en nuestras vidas. Una experiencia que nos está haciendo madurar y ser conscientes de la realidad de que con muy poco se puede hacer mucho. La felicidad de un niño no se logra con regalos, sino con acciones. Parece que no, pero mejorarle el día a alguien es algo sencillo y que solo requiere un poco de tu tiempo.

Seguiremos comentando nuestras vivencias en este proyecto que tanto está haciendo en nuestras vidas.

¡Hasta pronto!

Tailandia 2018: CHAPTER VII “Grado superior en cementación de carreteras”

En este grupo tan curioso y peculiar de gente que hemos decido venir de voluntariado a Tailandia, hay desde estudiantes de ingeniería hasta estudiantes de medicina, pasando por estudiantes de criminología, matemáticas e informática y farmacia, además de dos profesores. Después de un mes en Tailandia, volvemos a Madrid con el título de obreros especializados en cementación de carreteras.

 

 

El día que llegamos nos encontramos con un camino lleno de piedras y barro. Nuestro principal objetivo era construir una carretera en ese terreno y las principales dificultades, nuestro nulo conocimiento sobre la técnica de asfaltar y la lluvia. Los días de lluvia era imposible asfaltar ya que el cemento se volvía tan líquido que ni los verdaderos obreros eran capaces de moldearlo para hacer la carretera. Esto significaba que los días que no llovía (muy muy pocos) había que hacer lo máximo posible por avanzar.

Desde el primer día los obreros nos dejaron ayudarles en todo lo que queríamos. Nos dijeron qué hacer y cómo hacerlo. El hermano Víctor nos compró botas especiales y guantes. Antes de poner el cemento como tal tuvimos que allanar el terreno con rastrillos y arena. La primera parte de la carretera fue la más dura ya que estaba en cuesta y el camión del cemento no podía llegar hasta arriba. Tuvimos que subir el cemento en cubos poco a poco. Acabamos con la espalda destrozada. Cuando terminamos la cuesta, el resto fue más fácil. El camión iba soltando el cemento y nosotros teníamos que esparcirlo y darle forma de carretera. La mejor parte era la de alisar el cemento. Todos queríamos hacerlo.

Tuvimos que estar un par de días sin poder asfaltar debido a las lluvias y pensamos que no nos iba a dar tiempo a terminar la carretera.

Agné era el jefe de los obreros y se notaba que era el que más sabía. Llevaba una gorra del Bronx y siempre mascaba tabaco. Aunque hablaba tailandés y ni una sola palabra en inglés, conseguimos entendernos y siempre sabíamos lo que teníamos que hacer. Nos fijábamos en cómo hacía las cosas y le imitábamos.

Al final conseguimos terminar nuestro trozo de carretera y quedó genial.

He de decir que, personalmente no entendía la necesidad de construir una carretera ahí, pero cuando tuvieron que suspender las clases después de dos días sin parar de llover porque los camiones que recogían a los niños para traerlos al cole no podían salir debido a que se quedaban atascados en el barro, entendí que la carretera era esencial para la educación de todos estos niños.

Puedo decir que las agujetas, los trozos de cemento en el pelo, las ampollas en las manos, la ropa de asfaltar destrozada y todo el esfuerzo, han merecido muchísimo la pena.

Quiero dar las gracias a La Salle Sanghklaburi, a los hermanos de aquí, a los obreros, a mis compañeros y a Tailandia por esta increíble experiencia.

Me he dado cuenta que quien quiere, puede. Nosotros teníamos claro que nuestro objetivo era construir esa carretera y sin haberlo hecho antes ni tener idea de cómo hacerlo, nos vamos de aquí dejando una carretera a nuestras espaldas. Y no solo eso, sino que hemos querido hacer de esta experiencia la mejor, y lo hemos conseguido.

 

Meri