A golpe de brocha

Nada más comenzar nuestra nueva semana nos dimos cuenta de que la improvisación y la incertidumbre de estos días atrás, y de la que ya os hemos hablado, han quedado en un segundo plano. ¡Por fin empezamos a pintar¡ Las brochas y la pintura, azul y amarillo en representación de La Salle, han sustituido muchos de los talleres y juegos que compartíamos con los niños; aunque aún disfrutamos de momentos, abrazos, risas y cosquillas colándonos en el cole entre brochazo y brochazo. De alguna forma, nos ayudan a recargar pilas para superar esta rutina de trabajo. También ver los resultados de todos los días pasados aquí, codo con codo con los obreros, nos anima a seguir implicados al máximo con nuestro proyecto.

De nuevo, otro cumpleaños a celebrar. Esta vez la mayoría de edad de Alex, uno de los miembros del grupo. Desde primera hora de la mañana teníamos claro que queríamos que se sintiera como en casa así que, aprovechando que le tocaba la ruta del bus escolar, decoramos su habitación para darle una sorpresa. Pancarta, globos, algo de música… ¡y listo¡ Siguiendo los deseos del cumpleañero, los hermanos volvieron a deleitarnos con una gran cena de comida india, a lo que sumamos una rica tarta de chocolate que, con un poco de imaginación, seguimos saboreando. Como broche final, un doti (faldita india muy masculina) de regalo.

Este finde no hemos podido darnos el lujo de descansar mucho. El hecho de que la obra tiene que estar terminada para nuestra vuelta es lo principal, y si por algún casual se nos olvida, ya está el hermano Reagan para recordárnoslo. No obstante, tuvimos la tarde del sábado de relax. Con Dani, otro voluntario español que está teniendo su propia experiencia con los jesuitas, visitamos la basílica de la Estrella del Alba. Además, como ya es casi costumbre los fines de semana, fuimos a la playa. Después de nuestra última experiencia, que también conocéis ya, la mayoría decimos prescindir del baño, lo que fue sustituido por una partida de cartas con mucha expectación, muchos selfies y un buen paseo. De vuelta a casa, pudimos saborear un rico coco.

La siguiente semana continúo sin muchos cambios. Sin embargo y contra pronóstico, el sábado pudimos disfrutar de una mañana sin pintura de por medio. Cómo es tradición aquí, algunos sábados los niños vienen al cole para participar en actividades lúdicas. En este caso, baile. La alegría y el ímpetu con el que todos se movían, profes incluidos, nos motivó tanto que hasta nos atrevimos a intentarlo. Pese a nuestras buenas intenciones, todavía nos queda mucho por mejorar.

Tristemente, la cuenta atrás ya ha comenzado y son pocos los días que nos quedan por disfrutar aquí. Aún así os mantendremos informados de cada detalle.