TOGO, un pequeño gran país

El equipo togolés no puede estar más contento en su primera semana de proyecto. Tras un comienzo en el aeropuerto un poco accidentado (8 horas de retraso en Casablanca), llegamos a Lomé, donde los hermanos nos recibieron en su Comunidad con los brazos abiertos y la sonrisa puesta. Desde el minuto 1 nos hemos sentido como en casa, porque nuestros anfitriones nos han incluido en todas sus actividades como si siempre hubiéramos estado aquí. Están preocupados constantemente porque estemos a gusto con todo (las habitaciones, la comida, la salud) y nos cuentan miles de historias que nos hacen aprender un montón cada día: de la cultura y tradiciones del país, de la historia de La Salle y los colegios de África, de sus propias familias… Son todo amor y paciencia. Por eso no nos ha costado acostumbrarnos a sus rutinas y estamos encantados de compartir el tiempo con ellos (Frère Michel, Frère Paulin, Frère Norbert, Frère Jean, Frère Pierre Claver, Frère Severin, Frère Jean Paul, Frère Emille, Frère Francis, Frère Antonio).

Lo que más nos costó al principio fue adaptarnos a los ritmos africanos. Aquí todo va muy despacio… Las cosas se van postergando, pero nadie se pone nervioso porque es lo normal… En un principio íbamos a haber comenzado a trabajar el jueves, pero se retrasó al viernes. Y cuando llegó el viernes, se fijó el comienzo para el siguiente lunes, porque los obreros no iban a llegar hasta entonces… Así que aprovechamos los primeros días para conocer el barrio de Cacavelli de la mano de los hermanos. Frère Michel nos hizo el jueves un tour con el coche por todo Lomé, hasta la playa y la frontera con Ghana, mientras nos contaba millones de cosas del país. Y el viernes, Frère Francis nos acompañó a recoger los visados, y aprovechó para llevarnos a ver la universidad de Lomé y presentarnos a su profesor de español, Mr.Boukari (Madela), un hombre muy simpático que habla perfecto español porque vivió 5 años en Valencia.

El fin de semana lo pasamos en Togoville, un pueblecito con mucha historia detrás: colonia alemana, cuna del vudú y primer colegio La Salle de la región, iniciado en los años 40 por los HH. canadienses y continuado por los HH. españoles a partir de los 60. Allí charlamos con los HH. Romain, Jean et Sauras, y nos quedó claro el impacto real de La Salle, dado que muchos de los antiguos alumnos han llegado a ocupar cargos muy importantes en el país. Ah, y también conocimos al cocinero “Miguel”, que nos hizo tortilla de patata, un detalle J

Otra cosa que nos ha llamado la atención es la convivencia y enorme tolerancia que hay aquí entre los distintos credos y religiones: animistas, musulmanes y cristianos (católicos y otros). Todo el mundo se respeta.

Ya este lunes, de regreso a Lomé, hemos comenzado nuestras actividades:

  • Por la mañana: azada, rastrillo, carretilla y pala para limpiar la maleza de la parcela del colegio, mientras obreros avanzan con la construcción de un techado para una zona de estudio exterior.
  • Por la tarde: talleres con un grupo de niños del barrio en el colegio de enfrente (hacemos pulseras, coloreamos, plastilina, bingo y juegos en el patio, como el pañuelo, la comba o el escondite inglés).

Para terminar, algo divertido: los HH. africanos sueltan expresiones y dichos castellanos en medio de su discurso francés o ewé, como por ejemplo:

  • “… Genio y figura hasta la sepultura…”.
  • “… No todo el monte es orégano…”.
  • “… Cada loco con su tema…”.
  • “… Hombre!!! ¿No me digas?”

Pronto os contaremos más cositas de la que está siendo una gran aventura.