Mita’i (Niño)

Mita’i significa niño en guaraní (lengua local) y es que hoy hemos celebrado el día del niño, que realmente se celebra en Paraguay el día 16 de agosto, pero se celebró hoy para aprovechar que es festivo y que los voluntarios estamos aquí. Los niños disfrutaron de juegos por la mañana y por la tarde y de una torta gigante con dulce de leche y guayaba. Es un día distinto en el que sin duda alguna la palabra que lo definiría sería fraterno, en donde buscamos compartir risas y juegos con los alumnos internos, quienes además ayudaron a organizar los juegos (los mayores de la escuela, de 9º grado).

Juegos durante la mañana del domingo
Torta y chuches por el día del niño

Ya nos quedan pocos días disfrutando del voluntariado en la Escuela de San Isidro, Pozo Colorado, Paraguay. Se empieza a respirar un ambiente de despedida de los voluntarios y los alumnos internos, pero lo importante es disfrutar cada momento y no pensar que este va a ser “el último lo que sea”.

Con respecto al caminero, es ya una realidad a falta de ultimar los detalles finales, pero no sacaremos foto hasta que esté todo acabado (la foto es de hace unos cuantos días). De todas formas está pensado que se continúe hasta más allá de dónde hemos terminado nosotros, pero eso será responsabilidad de los alumnos del internado que están en el taller de albañilería.

Caminero hacia la capilla de la escuela

Ahora nos toca disfrutar de estos últimos cuatro días que nos quedan, preparar las cartas de despedida, y terminar el caminero.

¡Un saludo!

Escuelas de Bambú y Casa Cielo Azul

Esta semana el Hermano Victor nos ha llevado de excursión aquí al lado (600km). Nuestro destino: conocer las esperadas Escuelas de Bambú, una pequeña escuela (300 alumnos) construida en mitad de la selva cerca de la frontera conj Myanmar( Birmania) que ofrece una enseñanza gratuita a los hijos de los trabajadores del caucho, la mayoria bimanos que no son admitidos en as escuelas tailandesas, y otros niños de la zona.
Según nos adentramos en la región de Sangklabury, la selva parece que quiere tocar el cielo alzando sus manos en forma de colinas y montañas, la lluvia nos acompaña todo el camino, aunque nuestro hábil y prudente conductor (no baja de 110) nos mantiene despiertos para poder contemplar el paisaje. Llegamos a las Escuelas de Bambú, un colegio que consta de unas pocas casetas donde los profesores imparten las clases.

En las escuelas descubrimos la alegría de los niños y los profesores a los que tantas ganas teníamos de conocer. Además pudimos acercarnos a pueblos cercanos a las escuelas, donde nos recibieron con las manos abiertas. En ocasiones es dificil redactar nuestras impresiones sobre lo que allí vivimos, creo que una redacción literal de lo que estamos comentando es mas ilustrativa:

Carmen dice: Me gustaria decir que fue superemocionante conocer la casa de  una de las niñas y muy impactante su situacion, estuve llorando durante el viaje de vuelta al pensar en su historia.

Marta: Me impresionó que una niña a la que no conocía, estuve jugando con ella al ordenador y luego me abrazó antes de irse a dormir. Otra niña al dia siguiente me cogió de la mano  y no me queria soltar.

Charo: A mí me impresionó la visita a las familias del poblado al lado del colegio, los trabajadores del caucho, cómo nos acogieron y nos recibieron como estrellas de rock.

Marina:  Me impresiono mucho el colegio de un pueblecito cercano a las escuelas. Los niños ni siquiera podian pagar la escuela publica pero tenian mucha ilusion  por aprender. Pero lo que mas me impresiono fue todo el amor y cariño que recibe el hermano Victor alla por donde va. Al verle, los niños corrian para abrazarle dejandole casi sin respiracion.

Es complicado plasmar en una crónica los que esta escuela produce en las personas que lo visitan. El trabajo que el Hermano Victor ha hecho hasta el momento es herculiano, convenciendo a las familias para que permitan estudiar a sus hijos, sobre todo a las chicas, acogiendo a muchachas en riesgo de exclusión en la Casa Cielo Azul, dentro de la escuela de Sangklabury, y venciendo cientos de trabas burocráticas y económicas ya que la mayoría de los estudiantes no son tailandeses y el gobierno no ayuda ni subvenciona a estos alumnos.

 

Alfonso: Esta escuela en la que sólo hemos estado un día me ha marcado y me da fuerzas para continuar mi labor desde España, concienciando en mi colegio, dando a conocer a la gente que conozco que existen los milagros y que uno de ellos está en Tailandia.

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