Aterrizando en la India!

7.30 am. Terminal 1 del aeropuerto de Barajas. Últimos abrazos, y alguna que otra lagrimilla de despedida. Cargados de ilusión emprendemos una experiencia que seguro marcará nuestras vidas, aunque aún no nos hacemos a la idea de todo lo que nos espera.

Tras 24 horas de vuelos, pasando por Abu Dhabi y Mumbai, llegamos al fin a nuestro primer destino: Calcuta. Allí nos esperaba Pushpa, una de las hermanas de la congregación que nos acogería esos días. Con los collares de flores de bienvenida y montados en taxi, tuvimos nuestro primer contacto con el caos tan particular y difícil de describir de esta ciudad: colores, olores, pitidos, sonrisas, miradas… Al final de estos días encontramos algo de sentido en medio de este caótico desorden.

Pushpa nos mostró la gran obra de la madre Teresa de Calcuta. Visitamos varios de los centros que esta influyente mujer inició: orfanatos y residencias de enfermos y ancianos. En definitiva, centros de cuidado de los marginados y más desfavorecidos de la sociedad india. Nos sentimos muy impactados e incluso impotentes ante esta situación. Sin embargo, también nos llevamos un buen sabor de boca al ver la labor del inmenso número de jóvenes voluntarios de todas partes del mundo, a los que desde este momento admiramos profundamente. Ellos son luz dentro de esta oscura realidad.

La hermana también nos concedió la oportunidad de visitar algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad: el memorial de la Reina Victoria, la catedral de St. Paul, varios templos jainistas… En todos ellos, nos sorprendió ver cómo nuestro color de piel les llamaba tanto la atención, hasta el punto de pedirnos algún que otro selfie.

Cuando nos estábamos empezando a acostumbrar a todo esto, nos tocó dejar atrás Calcuta para empezar nuestro verdadero cometido en la India aunque pasando primero por Madurai. Allí nos dió la bienvenida el hermano Reagan, quien, al ritmo de Shakira, nos condujo hasta Nagapattinam. Aquí se desarrollará nuestro proyecto en las próximas semanas.

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