Tailandia 2018 Chapter III

Nuestro proyecto había comenzado y era el momento de organizarse y aprovechar al máximo nuestra estancia aquí. Nos organizamos en dos grupos; Unos debíamos allanar una parte del camino y el resto ayudarían a comenzar a cementar otra parte. Han sido unos días muy intensos y de mucho cansancio físico que sin duda está mereciendo la pena. No solo estamos colaborando a mejorar el acceso a ciertos lugares en la escuela y echar una mano a los trabajadores que ya tienen aquí para hacer este trabajo, sin duda nos está beneficiando al grupo para estar más unido, trabajar en equipo y conocernos más.

 

 

Pero no solo hemos trabajado en la carretera, (y menos mal porque acabamos con cemento hasta en las pestañas…), también nos ha dado tiempo a visitar la escuela de bambú. El hermano Víctor nos enseñó las instalaciones y nos contó todos los problemas con los que se había encontrado desde que decidió montar la escuela. El principal problema con el que se encontró es que geográficamente está situada en un lugar conflictivo. Los alumnos de la escuela de Bambú son principalmente niños y niñas birmanos cuyos padres trabajan en las fábricas de caucho. Hemos podido pasar una mañana con ellos, haciendo varios talleres y jugando con ellos.

 

Además de la escuela de bambú hemos tenido la suerte de poder acercarnos  a un pueblo “Mon”, perteneciente a Birmania. Allí tuvimos la oportunidad de conocer a algunas familias y su realidad. Al volver a la escuela el hermano nos invitó a la clase nocturna que cada sábado noche imparte a las niñas de Blue Sky que se alojan permanentemente en la escuela. Tuvimos la oportunidad de presentarnos a ellas y pasar un rato junto a ellas en la sala de ordenadores. Así  como pasar un rato en sus clases intercambiando nuestros idiomas, juegos y bailes. Han sido siete días muy intensos, pero aún nos quedan fuerzas para continuar con esta aventura.

 

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