Tailandia 2018 CHAPTER V: “UN DÍA EN LA ESCUELA”

Una parte fundamental de este voluntariado es ayudar al desarrollo tanto académico como personal de estos niños. Normalmente suele ser clases a niños pequeños, terreno que Iñaki y Teresa controlan a la perfección, en cambio, nosotros, los que somos estudiantes y en concreto algunos, como yo, tenemos muy poca o nada de experiencia dando clase a niños.

A pesar de esto, siempre que nos ofrecen cubrir a un profesor estamos ahí sin dudarlo, con una sonrisa, dispuestos a ayudar a los niños y a hacer que pasen el mejor rato posible. Es bastante fácil estar en clases con niños pequeños ya que contamos con la ayuda de dos profesores de infantil y, al fin al cabo, estar con niños que son todo amor y sonrisas es muy fácil, casi como un instinto natural. Desde sus “Teacher teacher” para que los hagas caso a esas sonrisas llenas de ternura que te dan sin esperar nada a cambio es en parte algo que me hizo querer repetir esta experiencia. De todo se aprende y poco a poco y sin darte cuenta te ayudan ellos más a ti de lo que les ayudas casi tu a ellos.

La teoría es fácil: Hacer actividades con ellos. La práctica no tanto. Nos chocamos de frente con la barrera del idioma. Ni nosotros sabemos tailandés y ellos, al ser pequeños, saben un inglés muy básico. Al principio te sientes un poco agobiada y piensas “¿Qué voy a hacer si no me entienden?” luego decides usar la cabeza y te das cuenta que el idioma de los niños es muy sencillo, el idioma de los gestos es universal y que con nuestras ganas podemos sacar cualquier cosa adelante. Una buena canción nunca falla. Los niños solo pueden centrarse en ti, en los ritmos básicos y letras perfectas para ellos. Se entretienen, se ríen con cualquier tontería o carantoña que les hagas. Lo siguiente suele ser los fiables dibujos, nunca fallan.

 

¿A qué niño no le encanta dibujar su animal favorito o cualquier cosa que se le venga a la cabeza? Cuando han terminado siempre vienen corriendo a ti y te ponen sus mejores ojitos. “Teacher teacher” y te dan el dibujo “That’s beautiful! Very good!” les dices mientras les dibujas una carita sonriente en la hoja que te dan dado. La cara que ponen en ese momento no tiene precio. Una vez todos han terminado teníamos que pensar en otra actividad. Al principio estuvimos un poco atascados, no sabíamos que más hacer, intentábamos enseñar un poco de inglés y de español o jugábamos a juegos de mesa que nos trajimos desde Madrid. Esto era un poco complicado debido a la corta edad de algunos pero nos sacamos un as de la manga, globos con caritas. ¿Cómo no se nos ocurrió antes?

Más sencillo imposible: hinchas unos cuantos globos, con un rotulador pintas una cara tonta, les atas un trozo de lana y les pegas cuatro pelos de lana y ya tienen diversión asegurada. Juegan a que no se caiga o como si fuera un yoyó de toda la vida y en ese momento ya los tienes ganados. Ahí empiezan a querer a que los lleves a caballito por toda la clase o vienen te dan un abrazo y siguen jugando o directamente ni se despegan de ti. La primera vez que se me echaron 20 niños encima no sabía ni dónde meterme, demasiada atención en muy poco tiempo, notaba que me faltaban extremidades y cuerpo para darle atención a todos pero poco a poco te acostumbras y tras dos o tres clases ya sabes cómo tratar con los niños y como darles lo que necesitan a todos y cada uno de ellos. Por estas razones, a pesar de ser una estudiante sin experiencia ni idea de cómo tratar a niños conseguí entender, aprender y pasar un buen rato con ellos disfrutando de sus compañía (y espero que ellos de la mía también)

 

 

Hasta más ver, Alejandra.

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