Vita flumen!

Segunda semana en Nagapattinam. 7:55am, el despertador suena. En cinco minutos es la hora de desayunar, de coger fuerzas para el nuevo día aquí. Es lunes, por lo que tenemos toda la semana por delante. La incertidumbre de no saber cual es nuestra tarea hasta el último momento es continua, y se apodera de nosotros mientras disfrutamos las típicas tortas de arroz que desayunamos todos los días, acompañadas de café ( o té) . Aún no sabemos el papel tan grande que jugará esta improvisación en nuestro día a día.

Después, llega la hora de ir al cole. Nuestro trabajo con los más pequeños va dando resultados: escribimos con ellos los números, las letras… e incluso con algunos los colores.
Y la verdad es que nos sorprende que a pesar de la gran diferencia que existe entre unos y otros en su ritmo de aprendendizaje, todos se saben nuestros nombres. A día de hoy es innegable el cariño que nos hemos cogido entre todos. Por otro lado, con los mayores seguimos con los talleres: máscaras de animales, pulseras, muñequitos con pinzas de la ropa… Además de dar alguna que otra clase de ciencias en las que aprendimos nosotros incluso más que ellos. Hasta hemos podido presenciar los ensayos del desfile que realizarán con motivo del día de la Independencia el 15 de agosto.

Las horas pasan rápido, como todo aquí, y llega el momento de trabajar. Nuestra situación actual es que nos encontramos en una semana de transición, pues los obreros no necesitan muchas veces de nuestra ayuda, por lo que con ellos hemos estado haciendo pequeñas tareas sin importancia. Tendremos que esperar a participar de forma más activa para cuando comencemos a pintar el colegio y el comedor recién construido.

Las noches y los días vuelan. El miércoles es un día un poco distinto, pues celebramos nuestro primer cumpleaños desde que llegamos a la India: el del hermano Reegan. Unas cervezas, una cena especial y una tarta típica de aquí, nos sorprenden a la noche y nos hacen disfrutar de una velada distinta a la que estamos acostumbrados.

De repente, parpadeo y llega el fin de semana. Tras una larga travesía, nos encontramos con otro grupo de voluntarios españoles del sector noroeste, con los que disfrutamos de un gran día visitando dos memoriales y la playa. De esta podemos decir que fue toda una experiencia bañarse. Pudimos vivir en nuestra piel cómo es meterse al agua con ropa, al igual que el resto de mujeres de este país, lo que supuso una aventura no solo a la hora del baño, sino también a la hora de cambiarse después. Sin duda un choque cultural que nos ha marcado mucho a todas las del grupo. Por otro lado, el domingo fue jornada de descanso, muy necesaria tras la semana.

Cómo ya hemos dicho, el tiempo pasa rápido, y la rutina en Nagapattinam, que ya se ha convertido en nuestra casa, nos hace perder la noción del tiempo. En un abrir y cerrar de ojos estaremos de vuelta en España, con muchas cosas que contar, más de las que os contamos aquí y que podamos expresar con palabras. Mientras tanto, de momento tendréis que esperar unos días para saber más de nuestra experiencia aquí. Hasta entonces, kutpai!

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