Retorno al trabajo

 

Amanece de nuevo en Parmenia, tras un exhaustivo pero más que satisfactorio  fin de semana el equipo vuelve al trabajo, y como habíamos acordado los dos grupos intercambiarían las tareas a las que se habían dedicado la semana anterior, esto significaba que el grupo de Raquel pasaría a trabajar codo con codo con Ñe, mientras que el de Emilio se dedicaría a la creación de una nueva acequia, recurso indispensable debido a las frecuentes lluvias que llegan en la temporada del Mozón, Es un hecho innegable que la reincorporación fue un tanto fatigosa pero, al menos por mi parte, la sensación de sentirse útil de nuevo me impulsaba a seguir resistiendo esos incansables rayos solares que hacían mella en mi ser. Después de las comilonas de los días anteriores tocaba volver a nuestra querida dieta arrocera. Con el dedo índice Ñe nos indicaba la hora a la que debíamos regresar con las pilas cargadas para continuar trabajando y así se hizo hasta las 2:30. Una buena ducha y un proporcional lapso de descanso, muy gratamente recibido, tras una cansada jornada. Las niñas del Blue Sky nos recibían con los brazos abiertos una vez más, cena, kompunkra y a jugar. Pero no era una velada cualquiera ya que los martes, viernes y sábados, nos esperaba el hermano en la sala de ordenadores del cole. Allí las integrantes de Blue Sky tienen la oportunidad de hacer powerpoints, jugar a juegos, escuchar música y de disfrutar de telenovelas con un nivel de interpretación un tanto discutible de ese que te hace pensar si tú también podrías tener futuro en las artes escénicas. Son los momentos de desconexión de la semana y estos concluyen cuando el hermano Victor nos proyecta un vídeo que nos hace reflexionar sobre distintos temas.
Miércoles 15/08/18
Suena la alarma de nuestros móviles, son las 6:00 y Marc, Paula y Mike nos despertamos enérgicos para realizar una breve pero apasionante visita al Paso de las 3 Pagodas, lugar por el cual cruzan la frontera miles de Birmanos todas las mañanas. Ya allí aprovechamos para dar un breve paseo por la zona y observar la curiosa escena, cientos de personas cruzaban la frontera con sus mochilas y tarteras preparados para afrontar otra dura jornada laboral, o escolar, como era el caso de los chavales que realizaron el trayecto de vuelta con nosotros. Fueron unos 20 minutos increíbles, niños y niñas que no nos habían visto en su vida jugaban y cantaban con nosotros como si fuésemos mejores amigos. Al llegar apenas tuvimos 15 minutos para cambiarnos, desayunar y comenzar con nuestras respectivas labores: el grupo de Emilio continuó cavando la acequia y el de Raquel siguió cementando la dichosa carretera. Un par de duras horas de trabajo después realizamos la ya tradicional pausa para comer y a las 13:00, puntuales como siempre, volvimos a nuestros puestos de trabajo. Tras finalizar la jornada aprovechamos que el cemento del ultimo tramo de carretera seguía fresco para imponer una simple pero  valiosa firma que decía lo siguiente: 2018-VIM-2561. Esa misma tarde fuimos todos los integrantes del grupo a la frontera con los niños que volvían a casa. Pasamos un grandioso rato ya que compartimos camión con todos los chavales  de la escuela y pudimos charlar con ellos y cantar. Al llegar a la frontera aprovechamos el poco tiempo que teníamos hasta regresar al camión para realizar diversas compras en el mercadillo de la zona. Al regresar al colegio nos aseamos y nos preparamos para la cena con las niñas del Blue Sky. Al acabar la esplendida cena seguimos la tradición de jugar, dibujar, cantar y ayudar a las pequeñas con sus deberes. Cuando finalizó la velada estábamos todos agotados y algún voluntario que otro acabo realmente perjudicado físicamente.

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